La fotografía es luz, y la luz es vida.
En el campo se aprende a aceptar lo que hay y a respetar el tiempo de la naturaleza, entendiendo que mirar también es saber esperar.
En mi tierra, recibir a alguien empieza con un mate. Calentar el agua es donde empieza todo: la ronda que se arma sola, una charla que no corre y un tiempo que se estira y se vuelve común; ahí, sin anunciarse, empiezan a pasar las cosas importantes.
Las fotos nacen de ese mismo lugar: de las charlas, de las vivencias, de todo lo que uno trae encima cuando mira y la forma de mirar no se fuerza ni se busca, aparece.
A veces, simplemente, uno está en el lugar justo, en el momento adecuado y justo ahi es donde la escena sucede y queda guardada para siempre.